La Alcarria de Guadalajara reúne una climatología, una altitud y unos suelos que han hecho de las plantas aromáticas parte de su identidad. Aquí, donde el espliego crecía de forma natural y el lavandín se introdujo a mediados del siglo XX, se inició un proyecto que hoy integra cultivo, destilación y distribución de aceites esenciales 100% puros y naturales. La historia de Alcarria Flora es, ante todo, la historia de una familia y de muchas manos. Juan José de Lope Cepero impulsó en 1969 el cultivo de lavandas en la Alcarria. Junto con otros agricultores hizo posible que esta actividad se consolidara generación tras generación. Ese esfuerzo compartido —conocimiento agrícola, compromiso con la tierra y vocación empresarial— sostiene hoy un modelo integrado y sostenible, con la mirada puesta en el futuro del territorio.

El trabajo de la empresa Alcarria Flora abarca toda la cadena de producción. Desde la selección de la planta en vivero, la planificación del cultivo parcela a parcela, la coordinación de la recolección en su momento óptimo y la destilación por arrastre de vapor, hasta el almacenamiento en condiciones controladas y la distribución con trazabilidad completa. Esa visión de proceso permite servir esencias homogéneas y estables a la industria cosmética, perfumista, alimentaria y farmacéutica, además de acercar el territorio al visitante a través de sus tiendas físicas en Brihuega, Sigüenza y próximamente Alcalá de Henares, así como su tienda online. Cada campaña, la empresa somete su trabajo a auditorías externas y a la verificación de parámetros aromáticos, y ve recompensado ese esfuerzo con la confianza de clientes que año tras año eligen sus esencias.

El corazón del proceso late en la Unidad de Destilación de Cogollor, gestionada por la filial Plantas Aromáticas y Derivados. Allí se transforma la materia vegetal fresca procedente de La Alcarria mediante un sistema inspirado en la tradición y completamente mecanizado. El vapor de agua, generado a baja presión, atraviesa la paja de lavanda, que cargado de moléculas aromáticas se condensa gracias a la corriente de frío aplicada en el serpentín. Desde ahí llega al vaso florentino, donde el aceite esencial se separa de forma natural del agua por diferencia de densidades. El resultado es una esencia pura y estable, adecuada para aplicaciones profesionales exigentes. Nada se desperdicia: el hidrolato encuentra uso en formulaciones y la paja postdestilación se composta y regresa al campo como enmienda orgánica. Así se cierra el círculo sin generar residuos, se reduce la huella ambiental, se mejora la fertilidad del suelo y se evitan quemas. Por si fuera poco, los cultivos leñosos de lavandas contribuyen a fijar CO₂ y a prevenir la erosión, alineando este modelo con los objetivos de la Agenda 2030. Sostenibilidad no como etiqueta, sino como práctica diaria: cultivo circular, suelo vivo y cero residuos.

La sostenibilidad también es social y económica. Por eso, esta empresa ofrece un servicio integral al agricultor. Acompañando el inicio de la plantación con elección varietal, preparación del terreno y diseño de marcos de plantación. También guía las labores culturales con manejo racional (control mecánico de hierbas, abonado orgánico y sanidad vegetal). Además, coordina y ejecuta la recolección y la destilación. Por otro lado, brinda apoyo coyuntural cuando es necesario en tareas de gestión de subvenciones, búsqueda de financiación, depósito de esencia en momentos de precios bajos o compra a precio de mercado con liquidación de servicios.
La empresa Alcarria Flora es consciente de que lavanda, lavandín y espliego requieren maquinaria específica y que su vida útil, entre doce y catorce años, implica un compromiso a medio plazo. Por ello, sabe que estar al lado del agricultor es asegurar el futuro del cultivo y del medio rural.

Para garantizar la base vegetal, Alcarria Flora cuenta con vivero propio mayorista especializado en lavanda y lavandín, inscrito en el Registro Nacional de productores de semillas y plantas de vivero. En su vivero de Cogollor, produce planta vigorosa y sana, adaptada al clima de La Alcarria. Las plantas poseen el sello fitosanitario que permite su distribución.

Las esencias destiladas en Cogollor tienen en común su origen controlado. Las lavandas finas aportan notas suaves y redondas, muy apreciadas en cosmética facial y perfumería delicada. El lavandín, en perfiles Grosso, Super, Abrial o Sumian, imprime carácter más intenso y fresco, idóneo para ambientación, cuidado corporal y bienestar. La empresa Alcarria Flora también trabaja otras especies mediterráneas, como espliego, tomillo, salvias, mejoranas, cistus o hisopo, y amplía bajo pedido cuando un proyecto requiere un quimiotipo o una procedencia concreta. En todos los casos, el cliente recibe documentación técnica y trazabilidad.

Además del suministro a la industria, la empresa acerca La Alcarria visitante. Sus tiendas reúnen aceites esenciales, productos de higiene y cuidado personal; hogar y bienestar; alimentación y bebidas; todo ello con sello local. Entre los productos más demandados se encuentran los saquitos aromáticos, el alcohol de lavanda, las velas, las cervezas y los licores de lavanda. Así, el aroma se convierte en embajador del territorio, que se sostiene gracias a un modelo que crea empleo, fija población y multiplica el valor en origen.
En definitiva, un modelo de negocio que cuida del campo y apuesta por la tierra como motor de desarrollo de la comarca.

Alcarria flora
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